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15 de Febrero

¡15 de febrero y todavía no había quitado el pino navideño! Ni cuenta me di —puesto que no suelo tener visitas—, hasta que ese día llegaron mis padres desde la capital del país y me lo hicieron saber de una forma muy familiar:   —¿No te da vergüenza, hijo? ¿Hasta cuándo lo pensabas quitar? —Juro que no me di cuenta. Es más... nunca volteo a ese rincón. —Vamos a estar unos días aquí. Te ayudaremos a quitarlo ahora mismo, porque, sinceramente, no me apetece recordar esta navidad. Cada vez son más los borrachos, y menos las buenas vibras —dijo mi madre. —Sentir buenas vibras depende de uno, ma' —respondí—. Pero no se preocupen. Han llegado de un largo viaje. ¿Por qué no se van a descansar a la recámara? —Ay, sí, hijo, tu padre y yo la verdad ya no aguantamos como antes los viajes.   Guié a mis padres a la recámara de huéspedes y regrese para encarar ese pino cubierto de todo tipo de adornos —mi hermana es muy creativa y montó todo eso—, con esferas, y esferas, y m...